Las flores naturales son seres vivos, y como tales, necesitan cuidados para mantenerse frescas y radiantes por más tiempo. Con algunos pasos sencillos, es posible prolongar su belleza y disfrutar de ellas durante varios días.
Al recibir tu ramo, lo primero es colocar las flores en un recipiente limpio con agua fresca. Cortar ligeramente los tallos en diagonal ayuda a mejorar la absorción del agua y mantiene las flores hidratadas. Es importante retirar las hojas que queden sumergidas para evitar la proliferación de bacterias.
Cambiar el agua cada dos días y utilizar el alimento floral incluido en nuestros arreglos marcará una gran diferencia en la duración y apariencia de las flores. Ubicarlas en un lugar fresco, lejos de la luz directa del sol o de corrientes de aire, también contribuye a su conservación.
Cuidar las flores es una forma de prolongar la intención con la que fueron regaladas. Cada día que permanecen frescas es un recordatorio del gesto, del momento y de la emoción que las acompañó.
Porque las flores, cuando se cuidan con amor, saben quedarse un poco más.